El legado de Prigioni

Para entender todo, es necesario olvidarlo todo” – Sidarta Gautama (Buda)

La frase con la que he querido abrir esta entrada del blog propone una reflexión sobre cómo, a medida que crecemos, nuestra mente se inunda de condicionamientos, estereotipos, prejuicios e ideas preconcebidas que estrechan nuestra mente, limitando nuestra capacidad de aprendizaje. Creemos saber, en base a todo ello, cómo debemos ser y cómo deben ser las cosas, descartando otras perspectivas, otras opciones.

Pablo Prigioni, a lo largo de toda su trayectoria, demostró que esos estereotipos, que esas ideas preconcebidas, no iban con él. Nos enseñó que hay otras realidades y nos sacó a muchos de ese estado de “inconsciencia” en el que tan cómodos nos sentimos a veces. Porque para entender la carrera del base argentino es necesario olvidar todo, o casi todo, lo que creíamos saber.

El de Río Tercero se ha encargado, desde prácticamente el inicio de su carrera, de romper moldes. De demostrar que su destino no estaba ligado a la carretera más transitada. Él sabía, o intuía, que había otro camino. Y no sólo se decidió a seguirlo, sino a construirlo para sí y mostrárnoslo.

Florecer tardío

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Prigioni en Alicante

A pesar de ser nominado jugador con mejor progresión de la Liga Argentina la temporada anterior a su aterrizaje en España (1999-2000, Jabones Pardo Fuenlabrada), Prigioni no tuvo una explosión inmediata. Al contrario que los que luego serían compañeros de selección en la denominada “generación dorada”, Pablo no destacó a la edad esperada.

Promedió apenas cuatro puntos en sus dos primeras campañas y descendió un escalón competitivo en el verano de 2001 firmando con el Lucentum Alicante en la LEB. Tenía 24 años, y aunque ya se asomaba a la órbita de la selección albiceleste, muy pocos le auguraban un futuro tan brillante como el que ha acabado teniendo. Si con veintitantos no ha explotado…“. Ese prejuicio fue uno de los primeros que Prigioni se encargó de derrumbar.

Transmutación

Porque Prigioni comenzó a brillar más tarde que otros. Más tarde que la gran mayoría. Y lo hizo a través de una transformación inusual de su estilo. Aquel jugador que sumaba más intentos triples que asistencias en sus siete primeras temporadas como profesional, con mentalidad anotadora y más cerca de ser clasificado como escolta, acabó convirtiéndose en el base del quinteto ideal de la ACB en tres ocasiones, en el base del segundo mejor quinteto de la Euroliga en otras dos, y MVP de una Copa del Rey anotando tan sólo 3 puntos en la finalOlvidó” el juego que conocía y “entendió” que había otro baloncesto, diferente, y que hizo suyo.

Tras un ascenso con el Lucentum en el verano de 2002 Prigioni regresó a la ACB para, tan sólo un año más tarde, fichar por el que sería el club de su vida, el Baskonia. Ahí comenzaría una intensa y fructífera relación que, a lo largo de tres etapas, duraría más de siete años. El idilio no surgió por casualidad. Porque en sus sueños, también, Prigioni evitó rendirse a los estereotipos más comunes: Cuando yo tenía 20/22 años, no quería ir al Madrid o al Barcelona, quería venir aquí, al Baskonia, porque muchos jugadores argentinos estaban aquí y me parecía el mejor lugar“, reveló en la rueda de prensa de su despedida.

La unión de los destinos de Prigioni y del Baskonia vino acompañada de una de las épocas más exitosas para ambos. El equipo vitoriano sumó cuatro apariciones consecutivas en la Final Four de la Euroliga, ganó una Liga ACB, tres Copas del Rey y cuatro Supercopas. Todos estos logros colectivos se incorporaron también a la hoja de servicios del jugador, quien ya se había convertido en miembro regular de la selección argentina. De aquella etapa quedarán en el recuerdo para siempre momentos como aquella canasta ganadora en el OAKA y que metía al Baskonia en la Final Four de Praga.

“Queremos la cabeza de Prigioni…”

BALONCESTO-REAL MADRID

Prigioni, en su presentación como madridista (Foto: lne.es)

Pero de nuevo, Pablo decidió cambiar de dirección y girar el timón de una manera que muy pocos esperaban. El base abandonaba el Baskonia en 2009 rumbo al Real Madrid, en la que probablemente haya sido la decisión más “ortodoxa” de su trayectoria, uniéndose a un proyecto en el que, en teoría, tendría la posibilidad de sumar títulos de una manera más sencilla y constante.

Quizás por esa razón, por salirse de la heterodoxia, aquella se convirtió en el movimiento que más lamentó en toda su carrera. Según reveló con posterioridad al portal argentino Básquet Plus, fueron dos años en los que lo pasó mal y en los que finalmente no pudo ganar ningún campeonato. La consecuencia fue un nuevo regreso a Vitoria: “quise volver al Baskonia a sacarme la bronca de los dos años en el Madrid. Lo llamé a Dusko (Ivanovic) y le dije que si hacía falta iba a entrenarme 15 horas por día. Me entrené como un cabrón, y jugué como un cabrón“.

Pero en su vuelta el argentino tuvo que afrontar una complicada situación. Parte de la grada que le había encumbrado ahora le recibía con recelo, e incluso con odio. Los cánticos -“queremos la cabeza de Prigioni…“- que llegaron a oírse contra él en el Iradier Arena auguraban una difícil relación. Sin embargo, y una vez más, Pablo decidió olvidar para entender, abriendo así un nuevo sendero hasta encontrar su redención. Ésta se terminó de materializar en los últimos segundos del partido que enfrentaba a los alaveses contra el Olympiacos en un encuentro de Euroliga. A partir de ahí, todo volvió a enderezarse. Prigioni lo había vuelto a hacer; cambió opiniones, enterró prejuicios y transformó los abucheos en vítores.  

El novato más veterano

Su segunda etapa en Vitoria duró sólo una temporada, y aunque en ella no logró alcanzar ningún éxito a nivel colectivo, su nivel de juego le proporcionó una oportunidad que ni él mismo esperaba. Prigioni se convirtió, con 35 años, en el rookie más veterano en la historia de la NBA. Otro estereotipo hecho añicos. Otro prejuicio derruido.

Un jugador sin un físico espectacular, sin unas condiciones atléticas fuera de lo común, aterrizaba en la NBA contra todo pronóstico. Y también en contra de algunas previsiones, Prigioni se hizo hueco allí. Así repartió cuatro temporadas entre Knicks, Rockets y Clippers hasta que hace apenas un mes decidió intentarlo por última vez en el Baskonia.

Su llegada a la capital vasca despertó una expectación extraordinaria e incendió los ánimos de una afición todavía a la caza de un icono, de un símbolo que refrescara en su memoria el “carácter Baskonia”. Y Pablo, por encima de su incuestionable calidad como jugador, encajaba a la perfección en ese papel. Sin embargo, la ilusión se transformó en estupor, sorpresa, y en muchos casos tristeza, la tarde-noche del 9 de Enero de 2017.

“En tu línea”

Prigioni, de nuevo apartándose de cualquier protocolo o convención habitual, sorprendía a club, compañeros y aficionados anunciando su retirada en redes sociales. Pilló a todo el mundo “con el pie cambiado”, y aunque su comunicado no dejaba lugar a dudas, fuimos muchos los que necesitamos varias horas para terminar de creerlo. Quizás porque, en el fondo, no queríamos creerlo. ¿Por qué? ¿Y por qué ahora? ¿Y por qué así?

“Lo he intentado, pero la cabeza y el cuerpo ya no quieren saber nada más de esto, por más que yo haya empujado” – Pablo Prigioni (10/01/2017)

La rueda de prensa concedida posteriormente por el jugador argentino terminó de despejar muchas de esas dudas. Reveló que nadie, excepto su mujer, conocían su decisión ni la inmediatez con la que pensaba ejecutarla. Ni siquiera sus compañeros se dieron cuenta, en aquel último entrenamiento del 9 de Enero, de que había vaciado su taquilla porque ya no iba a volver.  Y también reconoció que varias personas que le conocen bien no se sorprendieron demasiado por la manera en la que llevó a cabo su plan. Lo has hecho en tu línea“, dijo que le comentaron algunos allegados. 

Y es precisamente “esa línea”, esa manera tan particular y alejada de lo convencional que ha tenido de recorrer su camino, lo que pueda considerarse como el mejor legado de Pablo. Muy por encima de lo que enseñó como jugador de baloncesto, Prigioni demostró lo erróneo de muchos estereotipos, lo inadecuado de muchos prejuicios, y lo incorrecto de muchas ideas preconcebidas alrededor de este deporte.

Por eso, fundamentalmente, siento la necesidad de terminar con un sincero agradecimiento hacia él y lo que representa su figura.

Gracias, Pablo.

Gracias, y hasta pronto.

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4 comentarios en “El legado de Prigioni

  1. Hasta para dejarlo ha tenido clase.Y humildad,sinceridad,honradez….Tiene que ser muy duro reconocer que a tu cuerpo se le ha acabado la correa y más cuando acabas de llegar a tu club,a tu casa,seguro que con la ilusión de un txabal,dispuesto a dejarte la piel en la cancha.
    Pablo se merece un pequeño hueco en nuestros corazones y uno gigante en la historia del Baskonia.
    Eskerrik asko Pablito.

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